Uf… les cuento que últimamente
estoy teniendo un sueño muy pesado y me duermo muy rápido… pero me sorprendí a
mi misma pensando en metáforas metafóricas, fábulas fabulescas y moralejas
enmoralejadas…
El otro día me divertía mucho contándole algunos cuentos a mi
primita, y me descubrí a mi misma enseñándole
moralejas de la vida, con simples historias como la del lobo con piel de oveja y
compañía.
Lo tragicómico es que, luego de que le contaba cada uno de los mini
cuentos, ella me sorprendía con sus preguntitas inocentes que verdaderamente me
hicieron replantearme un montón de aspectos de la vida que llevo y llevamos
todos…
De esta forma entendí con ella
que las conversaciones entre seres
humanos suenan a humanas y por ende dejan un tinte de misterio a entrever, si gente..
del misterio venimos y al misterio vamos! Fue en el preciso momento en que me
di cuenta de esta metáfora en que volvió mi época de desvelo y cia.
Mi cabeza preocupada, entendió que no
es posible ganar credibilidad si no estamos dispuestos a entablar
conversaciones de igual a igual, dejando de lado vastas cuestiones
preestablecidas por, digamos… nuestros dogmas.
Que quiero decir con todo esto..? que
volvamos por un ratito a ser chiquitos y a pensar con basta inocencia las
consecuencias de las acciones que diariamente realizamos, que pasemos por un
momento de la coraza de adulto y volvamos a
querer transformar el mundo, el futuro…
y no se olviden que al final del arcoíris siempre está la olla con el oro… metafóricamente
hablando, no? Vamos, te reto a que descubras que hay en tu olla de oro
Para irme retirando… los voy a dejar
acompañados de una historia que me encanta, la cual siempre solía contarme (en
parte) muy sabiamente mi abuelo
El Árbol de los Problemas
El
carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja,
acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño
y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a
arrancar.
Mientras
lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a
conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente
frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando
se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara
estaba plena de sonrisas. Abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su
esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto.
Cuando
pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo
había visto hacer un rato antes. ¡Ah! Ese es mi árbol de problemas. – contestó
- Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no
pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los
cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. …Luego en la mañana los
recojo otra vez.
Y
continuó sonriendo: Lo divertido es que cuando salgo en la mañana a recogerlos,
no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.
Y citando al pluscuamperfecto de mi
abuelito… si tiene solución, por qué te preocupas?, y si no tiene solución, por
qué te preocupas?
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