martes, 26 de junio de 2012

Cuentos metáforas y moralejas


Uf…  les cuento que últimamente estoy teniendo un sueño muy pesado y me duermo muy rápido… pero me sorprendí a mi misma pensando en metáforas metafóricas, fábulas fabulescas y moralejas enmoralejadas…
El otro día me divertía mucho contándole algunos cuentos a mi primita, y me descubrí  a mi misma enseñándole moralejas de la vida, con simples historias como la del lobo con piel de oveja y compañía.
Lo tragicómico es que, luego de que le contaba cada uno de los mini cuentos, ella me sorprendía con sus preguntitas inocentes que verdaderamente me hicieron replantearme un montón de aspectos de la vida que llevo y llevamos todos…
De esta forma entendí con ella que  las conversaciones entre seres humanos suenan a humanas y por ende dejan un tinte de misterio a entrever, si gente.. del misterio venimos y al misterio vamos! Fue en el preciso momento en que me di cuenta de esta metáfora en que volvió mi época de desvelo y cia.

Mi cabeza preocupada, entendió que no es posible ganar credibilidad si no estamos dispuestos a entablar conversaciones de igual a igual, dejando de lado vastas cuestiones preestablecidas por, digamos… nuestros dogmas.

Que quiero decir con todo esto..? que volvamos por un ratito a ser chiquitos y a pensar con basta inocencia las consecuencias de las acciones que diariamente realizamos, que pasemos por un momento de la coraza de adulto y volvamos a  querer transformar el mundo,  el futuro… y no se olviden que al final del arcoíris siempre está la olla con el oro… metafóricamente hablando, no? Vamos, te reto a que descubras que hay en tu olla de oro

Para irme retirando… los voy a dejar acompañados de una historia que me encanta, la cual siempre solía contarme (en parte) muy sabiamente mi abuelo

El Árbol de los Problemas
El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar.
Mientras lo llevaba a casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invito a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazo a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente me acompañó hasta el auto.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunte acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes. ¡Ah! Ese es mi árbol de problemas. – contestó - Sé que yo no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero  una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. …Luego en la mañana los recojo otra vez.
Y continuó sonriendo: Lo divertido es que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.
Y citando al pluscuamperfecto de mi abuelito… si tiene solución, por qué te preocupas?, y si no tiene solución, por qué te preocupas?

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